La que piensa

Inma, mejor que Inmaculada. 1,64 metros. Entre 52 y 80 kilos, según el momento y el estado de ánimo. Sagitario en Occidente, Cabra en Oriente. Sentimentalmente masoquista. Sólo sabe escribir y hacer dibujos con rotuladores negros que, a veces, colorea. Esto último todavía en fase de perfeccionamiento. Tiene una harmónica, una ocarina y tres bolas para hacer malabarismo, objetos todos que intenta dominar poniéndole mucha pasión y entusiasmo. Por el momento, la intención no ha evolucionado a éxito.

Desde octubre de 2009 se despierta todas las mañanas en Taipei. Mañana, probablemente, también. Pasado no sabe. Habla español malagueñizado, inglés españolizado, chino ataiwanesado y ahora quiere aprender italiano porque Él dice que suena mucho más bonito.

Cuando era más pequeña quería ser arqueóloga porque le gustaban las películas de Indiana Jones. Eso fue mucho antes de que se diera cuenta de que le dan pánico las cucarachas. Desde hace muchos años lo único que quiere hacer es contar historias. Intentó disfrazarse de periodista, pero la realidad le aburre mucho y casi siempre termina fijándose más en la uña del dedo meñique del entrevistado, que en las palabras que puedan salir de su boca.

Creemos que no hay remedio para su enfermedad, pero podemos asegurar que es buena chica.


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