Evaporación espontánea

El día había empezado bien, sin problemas, normal, pero ella se empeñó en amanecer de nuevo. En volver a empezar, dos horas después de lo estipulado. Y fue entonces cuando al mirar por la ventana, las tripas se le enfriaron, confusión enredada en legañas, qué día es hoy, sí, no, mejor no. Buf.

Doble buf.

Pero resulta que cuando uno sale a la calle gris fuera, frío dentro, se encuentra con unas puertas que llevan cerradas desde hace dos horas y la culpa la tienes tú por no comprobar antes el horario, le escupen desde el cielo y el oficial de inmigración vuelve a asustarle, la última vez, por última vez, ja, no puede imaginar que un paraguas amarillo de 65 dólares taiwaneses y el sonido de la lluvia se transforma en fuegos artificiales y tracas, un gigante, con paraguas rosa y dibujos de leones que sonríe a los átomos y no comprende nada de lo que ocurre a su alrededor ni falta que le hace, nacen bosquejos de una nueva realidad, di algo bonito, rápido, 3.55 pm y magia.

Comienza la evaporación.

Estas cosas ocurren. De verdad.



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