De Rishikesh a Dharamsala y tiro porque me toca

De Rishikesh a Amritsar, qué bonito el Golden Temple y cuánto tráfico madre mía, y de allí a Dharamsala, a las montañas de nuevo. Cuento quince y tiro de nuevo. Mañana toca Delhi, pasado Bangalore y varias horas después, Singapur. Cambio yoga por tai chi y de regalo me llevo una caja con dos semanas de experiencias.

(Mi suelo está lleno de mijitas de galletas. Tengo hambre. Siempre tengo hambre. A todas horas. La luna me reprende desde la ventana. Ya, ya sé, ya me he comido cuatro, -¡cuatro!-. Ésta es la última. Lo prometo. Está dura como un zapato. Canela, sésamo, cardamomo, trigo integral y levadura, dice el paquete. Es de un marrón azucarado con un toque blanquecino en la parte superior (o inferior, según la agarres) y algunas semillas de girasol. Orgánica. Ummm… no, no, es la última).

No me quiero ir de aquí, de Dharamkot, un pueblecito de apenas un centenar de casas, repartidas por las montañas, con sólo una calle principal y un puñado de tiendas. Todas de lo mismo. Agua mineral, chocolatinas, papel higiénico y caramelos. Creo que hoy he visto una que vende artesanía y otra de equipamiento para la montaña. Poco más. El resto son albergues, casas familiares y restaurantes. Todos occidentalizados, por supuesto, y con el menú en inglés. A veces también en israelí. No es que sea el paraíso, pero se respira bien y nadie molesta. Por ahora es suficiente.

¿Al Dalai Lama? No, no lo he visto. Dicen, comentan, cuchichean que llegó hace un par de días del extranjero, aunque la sensación es la de que nunca abandona el lugar. Su foto preside la mayoría de las tiendas, los restaurantes y las casas de los cientos de tibetanos exiliados en este lado del Himalaya y sus frases rellenan banderitas de colores que te puedes llevar a casa por el módico precio de… ¿cien rupias? No, no lo sé. La verdad es que no he llegado a preguntar, pero las he visto y algunas te hacen pensar más de dos veces. Aunque uno lo que intenta es dejar de hacerlo.

La experiencia de Dharamsala la resumo en la gente. Como siempre, es lo mejor de cada lugar. Y hablo de toda la gente en general, no solo de los tibetanos, con un gesto menos amargo y suspicaz que el de los indios, con caras redondeadas de dulzura pese a su situación de refugiados, pese a que no pueden volver a su tierra, pese a que muchos sólo la conocen por las fotos que sus padres o sus abuelos, hace ya cincuenta años, hicieron antes de huir de una ocupación china que no comprendían. La mayoría vive de la artesanía y de los restaurantes y negocios que los turistas se encargan de rellenar y amoldar a sus necesidades, y pocos se olvidan de exigir cada día un Tíbet libre, un Tíbet pacífico, un Tíbet autóctono a través de camisetas, de carteles en las paredes de las casas, de pegatinas en los frigoríficos de los restaurantes, de ciclos de cine y de charlas y conferencias sobre lo que ocurrió, lo que está ocurriendo y lo que podría ocurrir.

Junto a los mensajes, anuncios de clases de Yoga, de Reiki, de masajes ayurvédicos, acupuntura, medicina tibetana, clases de música, de danza, de pintura, de astrología. La oferta es amplia y el tiempo… bueno, el tiempo es algo personal e intransferible y cada uno hace con el suyo lo que le apetece.

Yo decidí, o el azar decidió por mí (la historia azarosa la reservo para contarla en persona) unirme a un grupo de Tai Chi. Y eso es lo que he estado haciendo estas dos últimas semanas. Tai Chi. Nunca le diré a mi profesor, a mi maestro y, aunque él no lo quiera, mi guru, la definición que voy a dar de esta práctica, pero para dar una ligera aproximación diré que es un arte marcial milenario que se ejecuta a cámara lenta. Es mucho más profundo, pero creo que el interés es también algo personal e intransferible y la posibilidad de aburrir con demasiados detalles es directamente proporcional al número de palabras utilizadas… O eso creo.

Así que para definirlo a él, a este hombre que todo el mundo debería conocer sólo usaré unas pocas: le encanta Charlie Chaplin, Bob Dylan, U2, llegó a la India hace 30 años y desde entonces sólo ha vuelto a su país, Suecia, durante tres días. Adora a Obama, dice que el Dalai Lama le recuerda a Balú (el oso del Libro de la Selva) y en dos semanas nunca lo he visto serio. Tiene dificultades para oír, pero creo que es porque cuando tenía catorce años decidió que no quería que nadie interfiriera en su forma de pensar y decidió no escuchar las tonterías que muchos, en el lado de allá (también en el lado de acá), consideran imprescindibles. La pregunta es… imprescindible ¿para qué? O ¿según quién?. “Mi profesor siempre estaba serio y parecía aburrido así que ¿para qué saber lo mismo que él?”, justifica antes de soltar una sonora carcajada.

Puede que tenga razón. O puede que no. Cada uno elige su forma de vida, sus creencias y sus métodos. Y esa sea quizás la magia de India. Que aquí, nadie te juzga, nadie te critica y, lo mejor de todo, si lo hacen, te da igual porque no tienes que darle explicaciones a nadie. Ni siquiera a ti mismo. O eso creo.


6 comentarios on “De Rishikesh a Dharamsala y tiro porque me toca”

  1. ana dice:

    Hola Inma,
    gracias por hacerme pasar este buen rato.
    Te veo feliz (y … puedes comerte alguna galleta más)
    Besos.

  2. Alfonso dice:

    La foto del ajedrez es antológica, como el sueco que descubrió el camino de su vida en esa india tibetana que tan bien describes. Si le gusta Charles Chaplin es buenísima señal. ¿Por qué no te animas y publicas un libro de este viajazo? Besos.

  3. LunaHeredia dice:

    Inma…
    Me haces soñar, mis horas de trabajo se acortan, recorro contigo los pasillos de esas calles que narras, me llega el olor a incienso, siento tu paz interior a través de tus palabras…Tai Chi! :-)
    Gracias.
    ya queda menos para que comience mi viaje que por supuesto es mucho menos aventurero que el tuyo pero que necesito como el respirar.
    Todo esto va cansando poco a poco, mejor que tu, no me comprende nadie.
    No obstante aprendí a darle una segunda oportunidad a todo, decidí intentar ser feliz, leí en algún sitio que es bueno para la salud, la mejor medicina, la felicidad; la mejor prevención: el buen humor.
    Tengo la secreta esperanza de poder abrazarte en tierras Tailandesas, de transmitirte la cara de felicidad y relajación de tus padres cuando regresaban de sus bien merecidas vacaciones el otro día…Y quien sabe..igual logro llevarte un tarrito con olor a Mediterráneo ;-)
    Quizá consigamos echar unas risas juntas, compartir historias hasta que amanezca, beber unas cañitas…dime que nos veremos, sería un gran regalo para nuestra amistad.
    Un billón de besos y sigue haciendonos partícipes de tu disfrute, de tus males (espero que estés completamente recuperada del estómago).
    Por cierto, Marta y Rubén irán a India también, salen a finales de Julio y estarán casi todo Agosto.

  4. LunaHeredia dice:

    Olvidé una cosa…se te ve genial en las fotos ¿has arreglado la cámara?? ;-)

  5. madariagastreet dice:

    Increíble \’suite\’ de aventuras celestes. Lamento no estar ahí para arrebatarte las galletas con la fresquita. Jamás te fíes de alguien que carece de sentido del humor. Es lo único sano de la teoría de la relatividad. No sé si el pelo se te ha fundido con una toga o estás cada día más solar. Puede que sea únicamente una postura de ajedrez. Algo cobrizo y rocoso, más o menos como estar ahí. Sigue viviendo a cámara lenta. ¿El tiempo? Ya lo decía Francisco Pino: metralla hacia otra aurora.

  6. Joaquín dice:

    Hola, Inma.

    Me paso por aquí para enviarte un saludo personal. Ojalá que te vaya bien en tu viaje. Y que encuentres lo que andas buscando.

    Después del correo que me pusiste preguntándome por India, me preguntaba yo qué habría sido de ti en tu viaje.

    Una cosa está clara: la India no deja indiferente a nadie.

    Recuerdo que, precisamente en Daramsala, en la hospedería de un monasterio bajo la incesante lluvia del monzón, relativizaba mis asuntos malagueños viendo lo lejos que quedaba la ciudad en el mapa que adornaba las paredes del zaguán.

    Daramsala es famosa por sus médicos tibetanos (gratuitos) y por sus astrólogos también tibetanos.

    Sigue bien, aprovecha y disfruta de la oportunidad de estar allí.

    Un saludo cordial.

    Om, Chanti,

    Joaquín.

    http://yogasala.blogspot.com
    “http://yogasala.blogspot.com/


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