Instantánea
Publicado: 24 julio 2011 Archivado en: Pensamientos puros e impuros, Taipei | Tags: Jason Molina, MRT, Songs: Ohia, Taipei Main Station, transporte 1 comentario »At Taipei Main Station
La línea superior succiona los escalones interminables. Pintura amarilla, desgastada, que forma un ángulo de 90º que sirve para qué. Yo, demasiado cerca de esta persona, retrocedo un paso.
Cabezas obtusas que se enredan entre sí que se esquivan que se ignoran que se atoran, cabezas, troncos, brazos, piernas, cabezas que se enredan, ahí también, mi cabeza.
La voz de Jason Molina tira de mi mano. Los difumina a ellos, a mí me esconde.
Tantas veces el mismo camino que hay un surco en el suelo. Cierra los ojos y anda.
La línea inferior succiona los escalones interminables. Pintura amarilla, desgastada, que forma un ángulo de 90º que sirve para que distingas la superficie del aire. Yo demasiado cerca de esta persona, retrocedo un paso que sirve para qué.
Reciclaje mental
Publicado: 21 julio 2011 Archivado en: Pensamientos puros e impuros, Taipei | Tags: Deporte, Estómago, Música, Nanshijiao 1 comentario »Uno no invita a Fiona Apple a correr por casualidad. La busca intencionadamente en la lista de ‘artistas‘, elige ‘todas las canciones‘, todas las que tiene, y activa la opción ‘modo aleatorio‘. Aunque esté contrandicado de modo expreso, el volumen también se modifica por ella, para identificar las letras, cabecear con los coros, fruncir el ceño. Con ella.
Y uno empieza.
Una, dos, tres, cuatro y pierde la cuenta, empieza otra vez, una, dos, tres y reacciona porque lleva una hora derritiéndose, descomponiendo los motivos para volver a recomponerlos a su antojo, 62 minutos desenfadándose con la humanidad, atontando a las hormonas -aunque esta vez no sea culpa de ellas- y castigando a su estómago.
Suficiente.
El proceso de reciclaje mental se completa con la ducha. Es posible que para entonces ya no se acuerde de por qué eligió a la neoyorquina para salir a correr. Pero estará agradecido. Y cansado.
Día tonto (o no)
Publicado: 20 julio 2011 Archivado en: Pensamientos puros e impuros, Taipei | Tags: comida, compras, Gastronomía, Ikari Coffee, MRT, sociedad, Taipei Main Station 1 comentario »Tú dirás que es una guarrería y te alejarás negando con la cabeza. Pero te aseguro que nueces con chocolate, acompañadas de lechuga, tomate y mayonesa, todo envuelto en una tortilla de trigo, están deliciosas. Y te ahorras el postre.
Al teléfono de la chica sentada en las escaleras le han salido dos orejas de conejo y a mí no me hace ninguna gracia.
Un hombre de chaleco negro, raso en la espalda y camisa color rosa tibio, se ha acercado marcando pasos discontinuos a la mesa de los vasos, agua caliente y un poco de fría, para retornar del mismo modo, repitiendo uno de cada dos pasos. Trompicón, trompicón y el agua se escapa intermitente del vaso. Al menos se está riendo.
Hoy el día está tonto.
O no.
Se arrodilla delante de mí y me abrocha la cremallera de la chaqueta. Gracias. No hay de qué. Espídica comienza a detallarme las características del Goretex y me muestra a intervalos un folleto explicativo. Con o sin forro, te sienta de maravilla, y si hace frío siempre puedes añadir más capas. Ella sigue hablando, tan bella, tan dulce. Todavía no se ha dado cuenta. De que tengo el día tonto y sigo atascada en el tenemos tres colores diferentes. Otra, menos bella y desde luego nada dulce, me dice que compre cuatro y me regala una, pero yo sólo quiero irme a mi casa, a encerrar al día tonto en la terraza o a machacarlo con la olla del arroz.
Porque de tonto que es, está insoportable y la culpa la tengo yo. Que me despierto alegre y decido que es perfecto, lo baño, lo peino, lo mimo y al final me saca los ojos.
Es sólo una transacción
Publicado: 14 julio 2011 Archivado en: Pensamientos puros e impuros, Taipei | Tags: Bicicletas, Nanshijiao, transporte Deja un comentario »Me fue impuesta una tarde de septiembre por un malentendido o entendido malintencionado. Un irreverente arrebato de condescendencia culminó la transacción obligándome a adoptarla pese a que yo, repetía la voz, jamás, jamás la hubiera elegido, jamás la hubiera elegido. Tan pálida, tan pesada, tan… tan fea. Pero la otra opción era escupirle en el ojo a quien me la estaba endosando y salir corriendo.
Sí, nuestra relación empezó mal. A la fuerza. Nunca nos miramos con la ilusión que caracterizan estos encuentros, ni celebré con saltos de júbilo su llegada a la casa. No la soportaba, era obligatoria y su presencia me incomodaba. Tan blanca, tan fea, tan pesada.
Pero era mía, la quisiera o no, estaba ahí por mí, para mí, así que la alternativa menos traumática para ambas fue la de cordializar la relación. Se intentó, Dios sabe que se intentó.
Durante unos meses nos llevamos. Más o menos. Ella hacía su trabajo y yo, admito, a veces me sentía reconfortada. Aun así, fui una tirana. Sin motivo alguno la castigaba fuera, en la calle, y rara vez me acordaba de ella hasta pasados varios días. Como consecuencia sufrió lo que se denomina deterioro prematuro con efectos secundarios irreversibles.
En los últimos meses lo nuestro ya no podía denominarse relación. Ni nos rozábamos. Nos mirábamos todas las mañanas, al salir de casa, pero poco más. Eramos desconocidas, ausentes en reciprocidad.
Entonces, ¿por qué?, ¿por qué hoy, al deshacerme de ella, no he sentido el entusiasmo que esperaba y en su lugar me ha subido una araña por el estómago? ¿Por qué mientras me aseguraba que los cuatro billetes que me habían dado a cambio no se escapaban del bolsillo de mi falda he agachado la cabeza en modo culpable, en modo traidora? ¿Por qué al abrir el portal de la casa su hueco me ha insultado?
De noche en Maokong
Publicado: 7 julio 2011 Archivado en: Uncategorized | Tags: Maokong, Panorámica, Pensamientos en voz alta, Taipei 101 Deja un comentario »Ronronea al ajustarse a su hombro. Descansa sobre él su oído derecho. El izquierdo se encarga de absorber el vaivén de las voces que llega desde el fondo de la tetería, la más alta de todas, según les han asegurado. Las va apagando una por una hasta quedarse sólo con grillos y ranas.
La ciudad titila al fondo y sus ojos se detienen en el mismo punto que los de él, el segundo edificio más alto del mundo, aunque no te lo creas porque estamos acostumbrados a verlo todos los días, pero fíjate, más de la mitad asoma sobre el resto de la ciudad, msí, tienes razón, casi dos tercios.
La noche siguió con oolong tea y la otra mitad del apple pie. La luna siguió también, aunque nunca supimos por qué sonreía.